anotaba los siete digitos de su número de teléfono móvil en el brazo de su pequeño. El niño ya podía jugar tranquilo a hacer castillos de arena mientras sus padres se torraban al sol. Por aquí, que aún somos muy reaccios a todo invento extranjero pero no podemos evitar meternos donde nadie nos llama, la mayoría de veraneantes patrios que tenían su toalla alrededor no dudaron en criticar su actuación, pero al cabo de unos minutos eran muchos los niños que correteaban por la playa marcados, por si las moscas.
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