miércoles, 6 de mayo de 2015

los trenes de la corrupcion

La crisis estructural que sufre el sistema ferroviario nacional tuvo su clímax con la actitud del oficialismo de frenar un informe crítico hacia el gobierno de la Auditoría General de la Nación. La putrefacción kirchnerista que busca tapar el sol con las manos
La corrupción es como una gran mancha de aceite que se expande de forma acelerada e involucra a cada vez más kirchneristas, ya sea los que actualmente se encuentran en la gestión pública como otros que hicieron negocios turbios durante la mal llamada década ganada.
Tal como viene informando el diario Hoy, uno de los sectores emblemáticos de la corrupción K son los ferrocarriles, que hoy naufragan en un estado de desidia muy grande, combinado con negociados que hacen amigos del poder. Ante esta situación, el kirchnerismo frenó en la Auditoría General de la Nación (AGN) un informe muy crítico sobre la política ferroviaria nacional, que estaba centrado en el accionar de los exSecretarios de Transporte Ricardo Jaime y Juan Pablo Schiavi y en la compra de material ferroviario a China en el año 2009. Estamos hablando del despilfarro y del robo de cientos de millones de dólares que sólo sirvieron para comprar chatarra ferroviaria. El resultado se puede ver en las deterioradas instalaciones de los talleres de Gambier, ubicados en las avenidas 31 y 52 de La Plata. Ayer, un cronista y un reportero gráfico del diario Hoy se hicieron presentes en el lugar y pudieron comprobar cómo se están oxidando varias de las formaciones que se compraron en Europa y que jamás se pudieron usar en la Argentina.
Desde la tribuna la propia presidenta Cristina Fernández se ha llenado la boca hablando de un modelo productivo que sólo existe en su imaginación o en las mentiras de su relato. Por eso, en el tema de los ferrocarriles lo único que se ve es cómo los talleres que supieron ser un motivo de alarde ante el resto de los países latinoamericanos, están desmantelados y se caen a pedazos producto de la incapacidad oficial de ponerlos nuevamente en marcha.
En Gambier, el panorama que reina es el de un inmenso predio, de unas 35 hectáreas, donde están arrumbadas locomotoras en desuso como vulgar chatarra. Todas las instalaciones están en ruinas. Las grúas que se mantienen en pie reflejan el paso del tiempo y es prácticamente imposible que vuelvan a funcionar. Lo mismo sucede con los vagones desmantelados, sin techo, con puertas y ventanas rotas, que se ven en el lugar. Allí sólo una cooperativa recicladora de basura, lo que le da una imagen aún más tétrica. Luce una imagen cargada de olvido, desesperanza y abandono, muy lejos de aquel taller que supo ser ejemplo en sus momentos de esplendor por los años ‘70.
Fiel a su estilo de querer tapar el sol con las manos, el kirchnerismo decidió congelar el informe de la AGN que abarcaba las irregularidades en la compras de material ferroviario al considerarlo “parcial” e iniciar un informe en el cual se muestre todas las virtudes de la supuesta “revolución ferroviaria” que viene ejecutando Florencio Randazzo. En realidad, Randazzo fue un cómplice más de este saqueo ya que al hacerse cargo del área de transporte decidió proteger a sus antecesores, jamás denunció la corrupción y, para colmo, encaró otras compras millonarias a China que también poresentarían groseras irregularidades.
En diálogo con Hoy, el presidente de la Asociación Tren para Todos, Ángel Contesti, señaló que “en la historia esta gestión va a quedar como una improvisación permanente de años. Todo es confuso, no hay transparencia, no hay cristalinidad en las acciones, es decir, cuando vos no das a conocer las cifras con las que te estás manejando, algo estás ocultando”.
Según el especialista en ajustes de precisión de motores, “se priorizan los temas electorales y no los temas centrales del país. La corrupción es gigantesca, no se dice nada sobre las compras que se han llevado a cabo y empieza a fomentarse el sistema clásico de la cometa para que así distintos funcionarios vayan quedando al resguardo financiero durante el resto de su vida”.
Lo único que queda claro es que esta compra fue un gran negocio para grupos como Roggio, Romero o Cirigliano, ya que fueron llevadas a los talleres que pertenecen a dichos grupos para reconstruirlo y vendérselo al Estado como material nuevo. Esto significó que lo que se compró a España, Portugal y China se pudrió y oxidó, significando una gran estafa para la Nación.
“Incendiaron los vagones en Gambier”
El líder del cuerpo de delegados de la Unión Ferroviaria (UF) del Ferrocarril Sarmiento, Rubén “Pollo” Sobrero, le aseveró a Hoy que “el sistema ferroviario ha sido el gran agujero negro de la corrupción de este gobierno, porque todos los hechos de corrupción que se sucedieron han tenido que ver con esto”.
Según el dirigente sindical, “nunca se va a poder saber a ciencia cierta los hechos de corrupción que pasaron a lo largo de estos últimos años. En los talleres de Gambier en La Plata, los trenes no sólo se están pudriendo, sino que también se incendiaron una parte grande de los vagones sin que nadie hiciera nada, es vergonzoso”.
Crónica del ocaso ferroviario
La política implementada por el kirchnerismo en materia ferroviaria no hizo más que seguir con la decadencia de un sistema que supo ser ejemplo en toda América Latina. Las desventuras de la “revolución ferroviaria” de Florencio Randazzo
La Argentina del desarrollo prolongado y sostenido y que hizo fuerte al país, estuvo íntimamente ligada a la evolución del ferrocarril en todo el territorio nacional y que sirvió para unir a pueblos que hasta entonces se hallaban desligados de los acontecimientos nacionales e internacionales, dando origen a la entrada de capitales internacionales.
En su máximo momento de esplendor, nuestro país tuvo un sistema ferroviario que unía todos los puntos de la Argentina, con casi 100.000 kilómetros de vías, 60.000 de esos kilómetros de vías utilizables y que lo llevaban a ser un ejemplo en la región, donde el ferrocarril estaba destinado sólo a las ciudades centrales y no llegaba a su interior.
La llegada de la última dictadura militar, más el despertar neoliberal de los años ’90, llevó al sistema a un estado de total destrucción, con menos de 7.000 kilómetros de vías en condiciones de usarse, y que el kirchnerismo, a pesar de la diatriba oficial que habla de una “revolución ferroviaria”, no ha sabido poner en pie.
Escenas naturales de la Argentina de estos días es ver a los talleres ferroviarios cerrados, vías que no se cambian desde hace más de 40 años, locomotoras enteras depositadas en virtuales cementerios ferroviarios, compra de material al extranjero con grandes sobreprecios, obras que se anuncian en reiteradas ocasiones pero nunca se llevan a cabo, que sumergen al argentino en gran pesimismo con respecto al futuro cercano.
La labor de Florencio Randazzo siempre ha estado en el centro de la picota, más que nada porque ha sido su gestión al frente de los ferrocarriles lo que le ha permitido escalar posiciones dentro del oficialismo y presentarse hoy como precandidato a presidente del Frente para la Victoria.
Mientras no se investiguen cuáles fueron los desvíos de los subsidios dados por el Estado a las empresas concesionarias, los sobreprecios en las compras de material, los hechos de corrupción que hubo, va a ser difícil que el sistema ferroviario renazca y vuelva a ser lo que alguna vez fue.
El país necesita recomponer el ferrocarril como sistema básico para su desarrollo y crecimiento, donde sea prioritario la reorganización de la infraestructura existente en pos del progreso de las economías regionales, y tenga otra vez el rol de servicio público para el que fue creado y que supo ser el orgullo de toda la sociedad.
Ranking de mentiras oficiales
Desde su llegada al poder, el kirchnerismo se encargó de alimentar ilusiones dentro de los ferroviarios sobre una reactivación de la actividad que nunca llegó a buen puerto.
Entre las promesas hechas por el Ejecutivo resaltan la de llevar adelante la puesta a punto de los talleres ferroviarios que nunca se implementó; la más de una docena de veces anunciada electrificación del Roca cuando recién ahora se han empezado las obras para el mismo; la rehabilitación de ramales que unirían a todo el país; el incremento de viajes y vías que unieran distintos destinos del país; el aumento en la frecuencia de la salida de coches; entre otros, que muestran a las claras como el engaño le ha ganado a la verdad.
Pero una de las máximas que va a quedar para siempre en la historia política nacional, fue la idea lanzada por la propia presidenta Cristina Fernández de querer construir un Tren Bala en nuestro país, un proyecto realmente faraónico que terminó cayendo por su extravagancia y por la imposibilidad de que el mismo pudiera funcionar en un sistema como el nuestro.
El negociado como método de acción
A lo largo de la última década los hechos de corrupción se han sucedido uno tras otro, dejando estupefactos a una ciudadanía que acude atónita a ver cómo se gastan cientos de miles de millones de dólares de las arcas oficiales sin rendir los funcionarios involucrados en los mismos, cuenta alguna de sus actos.
Edgardo Reynoso, delegado de la Unión Ferroviaria del Ferrocarril Sarmiento, le aseguró a Hoy que “el kirchnerismo ha hecho fabulosos negociados con el ferrocarril, beneficiando a capitalistas amigos con negocios millonarios que hemos terminado pagando todos los argentinos”.
Según el dirigente sindical, “nosotros antes del accidente de Once habíamos advertido de que esto podía suceder porque denunciamos en su momento un gran negociado con los equipos que se modificaron que fue una gran improvisación en el tema y que les terminó costando la vida a 52 argentinos”.
“Las muertes de Once fueron víctimas de la corrupción, que hizo oídos sordos a los reclamos de los usuarios y trabajadores. El kirchnerismo continuó la política del menemismo con un mayor aumento de la corrupción y de la improvisación”, sentenció Reynoso.
La putrefacción oficial no sólo se terminó cobrando vidas, sino que también hizo que se perdieran cientos de millones de dólares que impidieron que se construyeran miles de escuelas, hospitales, carreteras y fábricas que hubiesen servido para el desarrollo del país.


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