viernes, 4 de septiembre de 2015

a un año de su partida

Casi todos en América latina nos acordamos dónde estábamos hace exactamente un año, a media mañana, cuando todas las radios empezaron a pasar canciones de Gustavo Cerati como si estuviéramos en el final de temporada de alguna serie. En la habitación 116 del primer piso de la clínica Alcla, la máxima estrella de rock de América latina acababa de morir de un paro cardiorrespiratorio después de pasar cuatro años y cuatro meses en coma.
Era la mañana del jueves 4 de septiembre y fue una de esas noticias que parecen tocar las cosas, afectarlas de algún modo.
Ahora un decagolo de discos
Después de los durísimos años del Proceso, la nueva generación del rock argentino parecía dispuesta a renunciar a las grandes utopías para reclamar cosas más urgentes: la danza, la sexualidad, la risa. La new wave, en ese sentido, era el vehículo ideal: una música al cuerpo y con altas dosis de cinismo. Capaz de subvertir el mercado desde adentro. No es casual, en ese sentido, que el primer disco de Soda Stéreo haya sido producido por Federico Moura y fuera presentado en un Pumper Nic.
En sólo un año Gustavo Cerati comenzó a recortarse como un compositor notable, capaz de sintonizar con el pop planetario sin resignar su identidad. “Cuando pase el temblor”, el gran single de Nada personal, reunía todos esos ingredientes: raros peinados nuevos, música del altiplano, letra críptica y –para los estándares de la época- una superproducción en video.
Durante el final de la primavera alfonsinista, la banda se encontraba en plena escalada continental. La edición de su disco Signos había generado un radio de influencia inédito para una banda, alcanzando records de venta en toda Latinoamérica. Parados en esa encrucijada, convocaron a Carlos Alomar y se metieron en los estudios Sorcerer Sound de New York. El resultado fue Doble Vida. Apenas salió a las calles, “En la ciudad de la furia” se escapó del pelotón. La canción, construída sobre un viejo riff que Cerati traia desde su adolescencia, trenzaba sutilmente las imágenes del desengaño social con ángeles caídos y una profunda carga erótica.
Hasta fines de los ochenta, si bien Soda Stereo gozaba de enorme popularidad todavía era mirado de soslayo por la aristocracia del rock argentino. Canción animal, con sus referencias voluntarias a la tradición local y su andanada de riffs monstruosos, puso finalmente a Cerati en pie de igualdad con sus grandes maestros.
El ying y el yang. El compositor más exitoso de la última década del rock argentino decidía trabar una alianza con el productor menos comercial. La persona capaz de enrarecer todo lo que tocaba: Daniel Melero. El resultado fue la puerta de entrada, para Gustavo Cerati, a los verdaderos noventa: Colores santos.
Con su el concierto multitudinario en la avenida 9 de Julio, Soda Stereo había alcanzado un límite. Seducido por la escena shoegaze británica y los consejos de Melero, Gustavo Cerati propuso el volantazo de Dynamo: no sólo uno de los discos más mentados y menos escuchados de Soda, sino también la plataforma de largada para el Nuevo Rock Argentino.
Con la banda en pausa indefinida, Cerati privilegió la familia. De hecho Amor amarillo, su primer disco solista, tiene como grandes motores la presencia de su mujer –la chilena Cecilia Amenábar- y la espera de su primogénito: Benito. “Lisa”, el segundo corte, fue profético. Muchos años antes de su nacimiento, terminó bautizando a su hija.
Grabado en un clima de emociones mezcladas, el último disco de estudio de Soda Stereo logró capturar la quintaesencia de la banda: el rock argentino de los ’70, la new wave, la sensualidad del audio, la movida madchester, etc. Faltaban el MTV Unplugged y los conciertos de River, pero Sueño Stereo funcionaba perfectamente como un punto y aparte.
En el vórtice del fin del milenio, los grandes discos del rock planetario coincidían en un ánimo introspectivo. Grabado entre los estudios CasaSubmarina y los célebres Abbey Road,Bocanada no escapó a esa sintonía. Rodeado por su nuevo núcleo solista (Leo García, Fernando Nalé, Flavio Etcheto, Martín Carrizo), Cerati compuso una larga suite de tonos nocturnos que, poco a poco, acabó convertida en un clásico de su carrera como solista.
Mientras nuestro país atravesaba la crisis social y política más profunda de las últimas décadas, Gustavo estaba metido en los estudios grabando uno de sus discos más uptempo:Siempre es hoy. Un encuentro entre su formación rockera y las programaciones que, en el clima post-apocalíptico de 2002, rotaba por las radios como un bálsamo para el pueblo.
Si bien desde su propia portada era un disco de regreso a las guitarras, la canción elegida como primer single fue una balada que tenía como instrumento central al piano. Una decisión paradójica que, sin embargo, acabó dándole la razón a Cerati: Ahí vamos fue el disco más exitoso de su carrera como solista.
Después de la “burbuja en el tiempo” que significó el regreso de Soda Stereo, Cerati decidió grabar un disco para reivindicar los viejos LP’s: Fuerza natural. “Es además un disco de viaje, de carretera –dijo en una entrevista-. Más solitario que Ahí vamos, más celebratorio y asimismo con una alta dosis de alarma ante los fenómenos naturales”.



No hay comentarios: