martes, 15 de septiembre de 2015

operativo planta permanente

Faltan sólo tres meses para que el apellido “Kirchner” deje de ser sinónimo de presidente, y los aspirantes a ocupar la Casa Rosada no son exactamente lo que los oficialista esperan: gane quien gane, nada indica que exista o esté asegurada una continuidad del poder de Cristina ni del “status quo” actual.
El cambio de Gobierno se transforma, de esta manera, en la peor pesadilla de miles de empleados públicos que supieron vivir, en la última década, de las mieles del trabajo estatal. Con la amenaza latente de tener que lidiar en el futuro como la mayoría de los argentinos, se desató una estampida de ingresos a cargos en ministerios, secretarías y cuanto organismo haya. A cambio del favor, lealtad absoluta durante la nueva etapa.
Así lo viene denunciando la oposición desde principios de este año, que acusó más de 300 incorporaciones diarias “a dedo” en diferentes puestos, calificándolas de irregulares, excesivas e innecesarias.
Ejemplo de esto es la entrada masiva de empleados al PAMI de militantes de La Cámpora, que denunció este lunes la legisladora porteña Graciela Ocaña. Según la funcionaria, hay alrededor de 6 mil personas que prestan servicios en una estructura paralela, en posiciones que debieran ser ocupadas por los empleados en carrera.
Otro caso, algo tragicómico, es el de Pablo Ferrero, director de Radio Nacional, que diseñó una suerte de licitación a medida para asegurarse la planta permanente y una vida pagada por los contribuyentes. El camporista creó el mismo un “concurso de cargos” que publicó en internet en febrero, con quince días de antelación a la fecha límite de presentación de requisitos, sin publicidad. Se presentó él solo y, por supuesto, quedó seleccionado.
En cuanto al Poder Judicial, el fenómeno tomó el nombre de “jueces subrogantes”, una manera de incorporar abogados militantes al sistema, Dios los libre de tener que buscarse la vida por su cuenta. Esta vez, la Justicia Federal, logró poner un pequeño freno, al impedir seguir nombrando gente hasta que cambie la administración del país.
Esta corrida desesperada, es una señal de alerta doble: por un lado, muestra la manera informal y desfachatada en la que funciona el sistema de empleo público, donde el rabajo es una moneda de cambio (donde se naturalizó el “entongue”). Por el otro, la puesta en duda del poder kirchnerista en la etapa que se viene, tanta de ganar la oposición como del –muy posible- triunfo de un presunto aliado, Daniel Scioli.



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