martes, 1 de diciembre de 2015

los zombi K

La batalla recién comienza. Algunos hallaron el modo de enfrentarlos. Si pueden pelear, peleen. Apóyense. Prepárense para lo que sea”, dice el protagonista (Brad, EL INSULSITO, Pitt) de la película de ciencia ficción Guerra Mundial Z, que retarata la lucha feroz contra una plaga zombi.
En la era kirchnerista que culminará el 10 de diciembre, fueron pocos los que se animaron a enfrentar a los zombis K, porque, como si fueran una de esas criaturas moribundas, ir contra ellos podía significar una amenaza fatal. Ahí está el fiscal Alberto Nisman, muerto horas antes de exponer en el Congreso su denuncia contra la presidenta Cristina Kirchner.
Ahí está el juez Claudio Bonadio, apartado de la causa Hotesur -la que más preocupa a la familia presidencial-, por investigar si los Kirchner usaron sus hoteles patagónicos para lavar dinero corrupto. Más grave aún, ahí está la Justicia amiga y “Legítima” como tentáculo del Ejecutivo, dispuesta a archivar los casos que molestan al oficialismo y a “judicializar” contra los opositores. La famosa “grieta”, llevada a límites insospechados.
Los casos se multiplican: el multiprocesado vicepresidente Amado Boudou, quien permanecerá impune en su cargo hasta el cambio de gobierno; el ministro de Planificación Federal, Julio De Vido; el vástago presidencial, Máximo Kirchner; el polémico titular de la AFIP, Ricardo Echegaray; la ministra de Desarrollo Social y electa gobernadora de Santa Cruz, Alicia Kirchner; el jefe de Gabinete, Aníbal “La Morsa” Fernández; el titular de la AFSCA, Martín Sabbatella, entre muchos otros muertos vivos del gobierno saliente que buscaron o buscarán reciclarse, permanecer entre las sombras o en el Estado, lejos de la cárcel, con el blindaje “anticorrupción” que les garantizó Cristina. Y que Mauricio Macri deberá desarticular. Para que la plaga K, que se mantuvo en pie a costa de todos los argentinos, sea erradicada de una vez por todas. Para que la palabra “cambio” sea sinónimo de Justicia.


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