domingo, 12 de abril de 2015

Tras la huella de un misterio prefundacional

Hacia 1857 alrededor de la actual cancha de Gimnasia estaba el casco de la Estancia Iraola. Los enigmas en torno a su desaparición
Por carlos Altavista

Si la arqueología es el estudio de la vida del hombre en el pasado a través de la evidencia material que existe en el presente, el equipo de
arqueólogos del Museo platense y de estudiantes de la facultad de Ciencias Naturales que encaró el proyecto “Arqueología Histórica en el Bosque” realizó un trabajo invalorable, pues halló evidencia sobre la vida en esa vasta y emblemática zona de La Plata antes de que fuese La Plata, de la cual, “inexplicablemente”, casi no existe registro, afirman los investigadores.
Pero su paciente trabajo de tres años, casi precursor de la arqueología urbana, los llevó hace tiempo a rearmar un paisaje tan imponente como atrapante, que hoy es preciso imaginar: en el predio del Planetario, en el del estadio de Gimnasia y en el “pedazo” de Bosque que se extiende frente a la llamada tribuna Centenario existió un majestuoso casco de estancia, la de los Iraola, las de los creadores del pulmón verde de la Región, que ha desaparecido por completo sin explicación alguna. Vale la pena seguir la ruta de los arqueólogos, una ruta prefundacional.
La jefa del equipo, Ana Igareta (37), hoy cuenta desde el depósito 25 del Museo que “la arqueología urbana tenía muy poco desarrollo por entonces -y no oculta la satisfacción cuando recuerda que ese fue su primer trabajo como egresada-. Por ello valoramos tanto el apoyo que nos brindó esta institución para encarar un proyecto aquí, en los alrededores”.
Ana acota que “trabajar entre gente que va y viene, conseguir los permisos, excavar, tapar y al otro día volver a quitar la tierra, sortear caños de servicios y raíces de árboles gigantes, no es sencillo, pero el resultado final fue más que reconfortante”, describe con una enorme sonrisa.
Y así fue que en la rambla de la avenida Centenario, ubicada detrás de la popular de Gimnasia que da al Bosque, hallaron una extensa hilera de piedras que resultó ser parte de la base de la mansión de la estancia Iraola, familia que se instaló en el lugar a mediados del siglo XIX.
Fue en 1857 que la familia Iraola adquirió a la López de Osornio “una estancia ubicada al sur de la provincia de Buenos Aires, instalándose en una zona alta de las Lomas de Ensenada -en “Altos del Lozano”, por encima del albardón-, cuya superficie se correspondía aproximadamente con la del actual Paseo
del Bosque. Cuatro años después, los Iraola solicitaron al gobierno provincial el arrendamiento de los terrenos contiguos hacia el este, a fin de ampliar sus tierras de pastoreo. Se edificaron varios pabellones de servicio, ranchos, corrales, e incluso un horno de cal para que la familia y los empleados pudiesen afincarse allí definitivamente”, describen los escritos que dan cuenta de la investigación.
“INUSUAL PARA LA EPOCA”
Y añaden: “Entre las construcciones destacaba la casa principal, de características inusuales para la época; se trataba de un edificio en forma de ele, de dos plantas, balcón, galería y azotea, de unos 25 metros de frente y 35 de largo, ubicado en la intersección de dos amplias avenidas que flanqueaban el acceso a la estancia (actuales avenidas Centenario e Iraola)”.
Ana Igareta comenta que “desde la azotea se podía controlar el ganado, y además tenían vista al río, que por entonces se encontraba mucho más cerca del casco urbano que hoy en día”, apunta.
Se dedicaban a la ganadería y a la producción de cal, que transportaban mediante una pequeña línea férrea interna. Esas actividades fueron formando núcleos poblacionales, además de la gran cantidad de obreros y criados que vivían en la estancia.
DESNIVELES QUE “HABLAN”
¿Y dónde se levantaba la estupenda mansión dentro de la cual fue inmortalizado José Gerónimo de Iraola Brid por el prestigioso pintor y arquitecto Prilidiano Pueyrredón? “En la zona del Bosque a la que da espaldas la tribuna popular Centenario de Gimnasia. Llegaba hasta la rambla de la avenida Centenario, donde se halló la fila de piedras basamentales”, cuenta la científica, y aporta un dato muy interesante. “Las leves lomadas que hay en ese espacio, donde existen algunos juegos y la gente va a tomar mate y a descansar, no son naturales. Se formaron porque los restos de la demolición de la casona fueron esparcidos allí. De hecho, encontramos mosaicos con los motivos que se observan en la pintura de Pueyrredón, así como cristales tallados igual que los de la lámpara del cuadro”, detalla (ver foto página 21).

¿Y las dependencias de servicio? Las proyecciones arqueológicas las ubican exactamente en la cancha y detrás de la futura platea H (ver plano). En tanto, las caballerizas se extendían entre la platea techada y la ochava que da espaldas al monumento a Mitre.
Donde se levanta en tiempo presente el Planetario, el equipo de investigación encontró un auténtico tesoro para los arqueólogos urbanos, el pozo de basura. “Se ubicaban lejos de las casas y lo que allí se encuentra da una idea bastante acabada de la forma de vida de la gente del lugar”, explica Igareta, para describir que “se hallaron más de dos mil piezas, entre ellas muchas botellas, frascos de medicamentos, restos óseos de carne vacuna, huesitos con marcas de cuchillo, vajilla de primerísima calidad y envases de bebidas inglesas y francesas, todo lo cual da una idea del nivel de vida de la familia”.
EL BOSQUE
Hacia 1860 comenzó la forestación del predio delimitado -aproximadamente- por las actuales avenidas 122, 1 y 66, dando lugar al actual bosque. Se plantaron 99.750 árboles. De las 157 hectáreas originales arboladas con diversas especies extranjeras, sobreviven hoy menos de 60, relatan los científicos.
Ese trabajo de forestación
incluyó un espléndido jardín francés que se extendía a un costado de la mansión.
José Gerónimo Iraola murió en 1864, y tomó las riendas de la familia su primogénito Martín, quien en 1871 fundó Tolosa, nombre que eligió en homenaje al pueblo vasco del que era oriundo su padre.
“En 1882, a causa de la fundación de la nueva capital de la Provincia, la familia Iraola fue expropiada de la estancia y sus terrenos; el casco urbano de la flamante ciudad se construyó tomando esa propiedad como uno de sus ejes principales”, dice Igareta y detalla que “a partir de entonces la (casa principal de la) estancia sirvió como alojamiento provisorio para Dardo Rocha, quien pernoctó allí el 19 de noviembre de 1882; también de los ingenieros involucrados en el planeamiento de la ciudad, y fue sede del primer cuartel de policía, estación cabecera del telégrafo y primer juzgado de paz. Luego, de forma intermitente y hasta el momento de la construcción de las nuevas dependencias administrativas y privadas (alrededor de 1910), funcionó como residencia privada y oficial de los gobernadores de Buenos Aires”.
“La fecha exacta de la demolición como las causas que motivaron dicha acción permanecen aún poco claras”, explican
Las primeras construcciones en desaparecer fueron las de servicios. La mansión quedó para el final. “No existe orden de demolición. No hay precisiones sobre lo sucedido desde 1882, la documentación es escasísima y las crónicas son todas post-demolición. Sin excepción, relatan que la casa fue demolida ‘tiempo atrás’”, comenta la investigadora.
El paisaje del Bosque fue trasformándose lentamente al desaparecer gradualmente las construcciones prefundacionales. Finalmente, entre 1910 y 1917, se produjo la demolición de la casa principal, última de las estructuras que quedaba en pie”. ¿Año exacto? “No se sabe, pero puede inferirse por los planos que se consiguieron que hasta 1911 estaba en pie, y por el relato de la hija del chofer de los gobernadores, que el derribo se habría producido en torno a 1917”, apunta.
Pero aclara que “tanto la fecha exacta de la demolición como las causas que motivaron dicha acción permanecen aún poco claras, aunque nos es posible afirmar que las mismas respondieron a intereses políticos más que a factores de tipo edilicio”.
Recién en 1928, en el suplemento político de un diario se menciona someramente la estancia Iraola y se dice que “su demolición, ocurrida tiempo atrás, supuso un lamentable error”.
En la edición de este diario del 19 de noviembre de 1963, un artículo cita al historiador José María
Rey, que en un capítulo de su obra “La nueva capital” recordó la mansión como “una casa histórica demolida (...) Nada obstó para que se destruyera tan precioso recuerdo”.
Igareta y su equipo, tras desestimar cada uno de los argumentos que a través de los años se esgrimieron para justificar el derribo (sobre todo el que hace referencia al supuesto mal estado de las estructuras del inmueble - “estaba en un estado óptimo”-, afirman a pie juntillas), realzan que “el hasta ahora único testimonio disponible de un testigo ocular de la demolición hace hincapié en el enorme esfuerzo que demandó la destrucción de la casona.
Lo dijo Emma Sanguinetti en 1983. La hija de Juan Sanguinetti, chofer de los gobernadores, nació en 1902 y vivió en una de las casas que estaban en la actual cancha de Gimnasia: “Yo tenía unos 15 años cuando se debió demoler el edificio, no sé por qué causa, y me daba mucha tristeza cuando los obreros hacían brechas en las paredes y luego de poner sogas atadas a los caballos tiraban los grandes bloques de ese hermoso palacio. Nunca comprendí por qué hacían eso. Hoy, después de muchos años no puedo olvidarlo”.


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