martes, 28 de julio de 2015

finanzas roja y blanca

El presente deportivo de Estudiantes, que no termina de convencer en el arranque del segundo semestre del 2015, puede entenderse de diferentes maneras. Una de ellas, sin embargo, es indispensable para darle forma a las otras. Se trata ni más ni menos que de la situación económica que atraviesa el club, producto de las diferentes inversiones que se hicieron en los últimos cuatro años y que aumentaron el pasivo en los ejercicios económicos de las últimas temporadas sin lograr un rédito deportivo canalizado en logros o títulos que hayan justificado esa decisión.
De aquel diciembre del 2010 a la fecha, cuando se consiguió la última estrella con el campeonato
Apertura, el club no dejó de invertir y apostar a diferentes proyectos que demandaron una inusitada erogación de dinero, con contratos dolarizados y refuerzos que nunca terminaron de consolidarse.
Ahora, si en la actualidad no hay incorporaciones para sumar al equipo de Milito, es porque no hay dinero. Y si no hay dinero disponible para refuerzos, es porque hay una deuda exigible en el corto plazo que de no saldarse le daría lugar a un escenario mucho más grave como el de entrar en convocatoria de acreedores en los próximos meses.
Concretamente, Estudiantes declaró un incremento notorio del pasivo en el último balance, producto del presupuesto destinado al fútbol profesional en la temporada 2013/2014 y los refuerzos que se fueron trayendo durante esos años.
Concretamente, de una deuda que oscilaba los 190 millones de pesos en junio del 2013, el club pasó a deber a sus acreedores 260 millones de pesos en junio del 2014, según informó la actual gestión en noviembre del año pasado.
Lo exigible, sin embargo, es lo más delicado, ya que de esos 260 millones de pesos, el club tuvo que afrontar pagos en marzo del 2015 por una cifra cercana a los 90 millones de pesos. ¿Cómo hizo? Refinanció la deuda y entró en un plan de pagos.
¿Qué le queda por cobrar de aquí en adelante? Dos documentos de la transferencia de Joaquín Correa (en diciembre de 2015 y diciembre de 2016) de aproximadamente 2.500.000 de dólares cada uno. Además, tres pagos de la transferencia de Guido Carrillo (el primero de 3.500.000 millones de dólares y los otros dos de 2.500.000) a percibir de aquí a diciembre del año que viene.
No obstante, en el corto plazo, Estudiantes no deja de asumir el pago de más de 500 empleados todos los meses, depositando casi 5 millones de pesos en sueldos cada 30 días.
Responsables de una deuda moral y deportiva
Miguel Angel Russo: Cobró un contrato millonario por un año de trabajo, a pesar de que apenas duró cuatro meses en el cargo y realizó una erogación cercana a los 7 millones de dólares en refuerzos durante el mercado de invierno del 2011.
Mauricio Pellegrino: Trajo 25 jugadores entre junio de 2013 y febrero del 2015. No aceptó la decisión de rescindir de manera anticipada e intimó al club para cobrar la totalidad de su contrato. Luego terminó acordando una salida decorosa, ante la necesidad de allanar su llegada a Independiente.
“Se llenaron los bolsillos, lo único que queda es tu gloriosa gente…”
• Mauro Boselli: Volvió en el polémico mercado de invierno del 2011 cobrando un contrato que ascendía a los casi 1.600.000 dólares anuales y que luego el club terminó rescindiendo por considerar que “estresaba” la economía. Como él, también hubo otros ejemplos como los de Facundo Coria, José Luis Fernández, Juan Carachito Domínguez, Justo Villar, Mariano González y Enzo Pérez cuando volvió en 2012.

• Patricio Rodríguez: Su contrato ascendía a los 800 mil dólares anuales, y por su préstamo el club pagó 300 mil dólares al San Pablo en 2013. Jugó tan poco como logró destacarse.
• Román Martínez: Estudiantes lo pagó cerca de un millón de dólares en 2012 y durante tres años el jugador percibió un contrato de medio millón de dólares por temporada. Nunca brilló en el Pincha.
• Santiago Vergini: El club pagó cerca de 200 mil dólares por una rescisión anticipada de Newell’s y acordó un contrato de casi 600.000 dólares anuales con el defensor, quien a los seis meses se fue sin saludar.
• Germán Ré: Después de la obtención de la Copa Libertadores su rendimiento fue decreciendo. Estuvo tres temporadas en el club sin ser titular (del 2011 al 2014) y se quedó cobrando un contrato cercano a los 400.000 dólares por año.
• Leandro Benítez: En sintonía con Ré, después del 2010 nunca volvió a ser titular en Estudiantes, pero se quedó durante el 2011, 2012 y parte del 2013 percibiendo un contrato cercano a los 500.000 dólares anuales.
• Rodrigo Braña: Luego de la consagración de la Copa Libertadores, Braña pasó a tener uno de los contratos más altos del plantel, ya que desechó una oferta de México. Pasó a cobrar, en 2009, cerca de 600.000 dólares anuales, en una cifra que fue ascendiendo entre el 2010 y el 2013 hasta llegar a los 800.000 dólares por año.
•Juan Manuel Olivera: Llegó por pedido de Mauricio Pellegrino en el verano del 2014. Estudiantes pagó 1 millón de dólares, pero el delantero no jugó dos partidos seguidos. Como él también pasaron Ernesto Goñi, Prediger, Luna y Aguiregaray.



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