martes, 29 de septiembre de 2015

mintiendo en la ONU

En su último discurso como presidente en la asamblea de las Naciones Unidas, la presidente Cristina Kirchner pronunció un discurso impregnado de muchas de las falsedades del relato K.
La primera mandataria hizo hincapié en defender el pacto que firmó su gobierno con el régimen iraní, que llevó a que el fallecido fiscal Alberto Nisman la acusara penalmente de querer encubrir a los autores materiales del atentado contra la AMIA en 1994. Días después de su denuncia, el funcionario judicial apareció muerto en su departamento de Puerto Madero.
Ayer, en la ONU, CFK acusó a los Estados Unidos de "proteger" al ex agente de la Secretaría de Inteligencia, Jaime Stiuso, el espía que investigó la causa AMIA y que está sindicado de haber mantenido una estrecha relación con Nisman.
Cristina definió a la causa AMIA como "una telaraña" de intereses externos "en la que quedan atrapados los más débiles y los más chicos". Y aseguró que en el actual juicio por encubrimiento están surgiendo "datos estremecedores" y "vinculaciones con los fondos buitre".
Aunque nunca nombró al ex hombre fuerte de la inteligencia argentina por su nombre, dio suficientes datos para que quedara claro que hablaba de él (Stiuso), cuando dijo que lo había removido en diciembre pasado por sus sospechas de que "entorpecía" la investigación por el atentado a la mutual judía.
Ahora bien, lo que no dijo Cristina es que el presidente que más poder le dio a Stiuso fue su marido, Néstor Kirchner. Peor aún, los gobiernos kirchneristas habrían montado un aparato ilegal de inteligencia para perseguir a críticos y opositores que, en una primera instancia, habría estado al mando de Stiuso. Y que luego habría sido reemplazado por el general K, César Milani, a quien CFK designó jefe del Ejército y quien tuvo que pasar a retiro este año, acusado por distintos crímenes de lesa humanidad durante la última dictadura.
Así como a los Kirchner no les importó los antecedentes de Milani en la dictadura cuando lo hicieron ascender en el escalafón militar, tampoco tuvieron en cuenta el hecho de que Stiuso formó parte de la ex SIDE durante los años negros de la Argentina. Es más, Néstor Kirchner le habilitó al espía fondos como ningún otro presidente para que pudiera realizar sus actividades de espionaje, especialmente las escuchas telefónicas.
Otro de los ejes del discurso de la Presidente fue la crítica a los Fondos buitre a los que acusó de "hostigar" a la Argentina, calificándolos como "depredadores financieros". Asimismo aseguró que cuentan con "la complicidad de cierto sector judicial" de los Estados Unidos.
“Argentina pudo reconstruir la economía y la sociedad cuando la política volvió a tomar el comando de la economía a partir del 25 de mayo de 2003", subrayó la primera mandataria. La realidad, como siempre ocurre, desmiente tajantemente el relato K. Una recesión que lleva más de 14 meses, una inflación en torno al 30 por ciento y una pobreza que afecta a 12 millones de compatriotas componen un cóctel explosivo que será muy difícil de desactivar.
Ayer, una vez más, se puso de manifiesto que el discurso de la presidente solamente está dirigido a los aplaudidores y militantes rentados que la acompañan en los actos de la Casa Rosada. Lejos de ser la presidente de los 40 millones de argentinos, CFK está dejando la presidencia encerrada dentro de la burbuja de la obsecuencia.
Ahora bien, a nivel internacional, las falacias del relato K no hacen mella. Por eso ayer, cuando Cristina habló en la asamblea de la ONU, el recinto estaba semivacío, lo que demuestra que los líderes de la comunidad internacional no querían o no tenían interés de escucharla. Algo similar ocurrió con el presidente venezolano Nicolás Maduro, que habló ante un auditorio aún más reducido, en momentos en que el chavismo está en la mira por la persecución a la oposición.
Salir a hablar de la causa AMIA como ayer hizo CFK, como si fuese un gobierno recién llegado al poder, no resiste el menor análisis. Todo lo que pueda decir Cristina genera muchas más dudas que certezas desde el momento en que, cuando han pasado ocho meses de la muerte de Nisman, aún no se pudo determinar cómo falleció el fiscal.


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