martes, 24 de noviembre de 2015

los 7ris7eros y las maquinitas truchas

Gimnasia y Esgrima La Plata está atravesando un penoso presente económico al punto que, en varias ocasiones, los chicos de las divisiones inferiores se quedaron sin pelotas para poder entrenar y actualmente tienen que salir a jugar sin cobertura médica debido a que se le adeuda varios meses de honorarios a los profesionales de la salud que trabajan en la institución. Eso no es todo: a Pedro Troglio, director técnico y máximo ídolo del club, no le abonan el sueldo desde el mes de julio.
Pese a ello, el presidente y el vicepresidente de Gimnasia, Daniel Onofri y Bernardo Supera, sin siquiera haber tratado el tema en reuniones de comisión directiva y mucho menos en la asamblea de socios (máximo órgano de gobierno de la institución), decidieron firmar 10 cheques por un total de $100 mil –comprometiendo recursos económicos del club, que hoy escasean- que tuvieron como destino la fundación Florencio Pérez, una entidad fantasma creada a comienzos de los años 90 para manejar el oscuro negocio de las máquinas tragamonedas en la región. Decimos oscuro porque se trata de maquinitas programadas para hacer perder, que inundaron la Provincia y el país durante la mal llamada década ganada, y que han ocasionado un verdadero saqueo a las economías locales ya que se nutren, principalmente, de los recursos de los sectores socialmente más postergados que recurren al juego como forma de intentar salvarse económicamente. El resultado suele ser nefasto: quiebras comerciales, familias endeudadas por siempre, suicidios.
La fundación en cuestión, supuestamente, se dedica a asistir a jóvenes a afectados por el flagelo de la drogadicción. Ahora bien, no sólo sus antecedentes en la materia son prácticamente inexistentes, sino que además representa una contradicción en sí misma. Ocurre que la fundación terceriza la administración del Bingo Platense a través de la firma Codere y a su vez recibe fondos del juego que es una actividad que genera una adicción llamada ludopatía. En otras palabras, dicen que asisten a personas adictas generando más adicción. En todo caso, ¿no sería mejor erradicar de raíz el flagelo? Sólo basta con cumplir lo que dice la Constitución bonaerense que, en su artículo 37, reza: “La Provincia se reserva, como derecho no delegado al Estado Federal, la administración y explotación de todos los casinos y salas de juegos relativas a los mismos, existentes o a crearse; en tal sentido esta Constitución no admite la privatización o concesión de la banca estatal a través de ninguna forma jurídica”.
En los hechos, lo que ocurre es que un puñado de empresas y empresarios, en complicidad con el poder político que gobernó la provincia en los últimos 24 años, manejan el negocio de los tragamonedas y utilizan como pantallas entidades civiles como clubes de fútbol. Tal es el caso de Lanús, Banfield, Tristán Suarez y Brown de Adrogué. A su vez, varios bingos también son los principales sponsor de esos y otros clubes, así como también de la Asociación Argentina de Arbitros. En el negocio también intervienen otras entidades que son cajas políticas como la Fundación Estadio Unico, conformada por dirigentes de los clubes Estudiantes y Gimnasia, que se creó en los ´90 para construir el estadio y se terminó desvirtuando. La obra se hizo con recursos de la provincia durante el gobierno de Eduardo Duhalde en un negociado millonario bautizado como “el monumento a la corrupción”. Actualmente, y pese a que es sede de espectáculos deportivos y musicales que recaudan varios decenas de millones de pesos, gran parte del mantenimiento del estadio se realiza con partidas presupuestarias del erario bonaerense. Es decir, la pagamos todos los ciudadanos de la Provincia.
La decisión de no cumplir con lo que establece la carta magna bonaerense, respecto a que debería ser el Estado el que administre el negocio del juego, se debe a que estamos frente a una de las principales cajas del financiamiento de la política. No por casualidad Codere realizó importantes aportes para los show organizados por el gobierno de Daniel Scioli en Mar del Plata, que eran utilizados con fines electorales.
Producto de esta polémica ligazón con el poder político, la mayoría de las 46 salas de bingo con tragamonedas tienen el privilegio de no pagar tasas municipales, funcionan los 365 días del año, durante las 24 horas, sin control alguno. Y se ubican en algunas de las localidades más pobres de la Provincia como Florencio Varela, San Francisco Solano y Lomas del Mirador, aprovechándose de las necesidades de los sectores sociales más postergados. En el caso del Bingo Platense, la sala está en las cercanías de la estación de trenes de nuestra ciudad, por donde circulan trabajadores, estudiantes y jubilados, principales víctimas de este negocio espurio.
En definitiva, el multimillonario negocio de las tragamonedas será una de los principales desafíos que deberá resolver la gobernadora electa María Eugenia Vidal cuando asuma los destinos de la Provincia el próximo 10 de diciembre. Con el respaldo que le dio las urnas, y lo que significó haber vencido a Aníbal “La Morsa” Fernández, tiene una oportunidad única para cambiar la historia y cumplir con lo que manda la propia Constitución.
En los bingos se viola sistemáticamente la norma antitabaco de la Provincia, que prohíbe fumar en ese tipo establecimientos. ¿Cómo lo hacen? Mediante clubes de fumadores que funcionan dentro de esos establecimientos. ¿En qué consisten? Son simples salas de tragamonedas, con ceniceros y con un cartel que dice “club de fumadores”. Un verdadero despropósito.
La ley 14.381 se votó en agosto de 2012 e indica que “todos los espacios cerrados de acceso público deber ser libres de humo de tabaco ”, en relación a salas de juego y restaurantes. Pero exceptúa de las restricciones para fumadores a los patios, terrazas y balcones; a los centros de salud mental y de detención; y a los “clubes de fumadores de tabaco”. Pero no especifica con claridad que son estos últimos. Mientras que la ley nacional si lo hace: por ejemplo, dice que deben tener entrada independiente –como cualquier local comercial–, no ofrecer ningún tipo de producto o servicios y en él solo se puede degustar tabaco.
Los expertos advierten que la compulsión al juego y al tabaco están estrechamente relacionadas. Es decir, cuanto más se fuma, más se juega y más pierde el jugador que termina con los bolsillos vacíos y mayor posibilidad de contraer cáncer.


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