sábado, 5 de marzo de 2016

vistazo a la provincia

Esta semana trajo la apertura de sesiones legislativas, con una María Eugenia Vidal, que dejó en claro que supera ampliamente las capacidades comunicacionales de su jefe político, Mauricio Macri. Mientras el presidente repasó la “pesada herencia” a través fríos y en muchos casos discutibles números estadísticos, la gobernadora apeló a la veta más sensible de los bonaerenses.
En ese contexto, Vidal no abundó en las referencias que preocupan a los economistas, fue concreta y por ejemplo, indicó que el ministerio de Desarrollo Social “contaba solo con 39 colchones” para atender cualquier emergencia. Evitó decir que en el presupuesto aprobado, hay un recorte significativo en las partidas destinadas a esa cartera. No importaba, el efecto demoledor del dato era suficiente.
El contenido de los discursos en el Congreso y la Legislatura, en rigor de verdad no variaron demasiado. Los dos trazaron un diagnóstico oscuro sobre el futuro inmediato y advirtieron que la “emergencia” ser mas la regla que la excepción al menos durante este primer año de mandato.
El problema de este enfoque, lo explicó horas después de la apertura de sesiones el titular de la Cámara de Diputados Jorge Sarghini: "Si hacen falta tantas emergencias, lo que no funciona es la arquitectura de la provincia, las leyes que regulan y establecen las reglas de juego para las administración de la cosa pública y entonces lo que hay que modificar son esas leyes".
El referente del Frente Renovador reconoció que su espacio comparte el diagnóstico de la situación en la que dejó la provincia el ex gobernador Daniel Scioli, pero limitó el acompañamiento de la presidencia de ese cuerpo legislativo al paquete de leyes anunciadas por la gobernadora que incluyen la emergencia en infraestructura, la reforma política, la ley de modernización del estado y la de reforma del Servicio Penitenciario Bonaerense.
Resta saber si Sergio Massa tomará finalmente una posición definida o dejará que su espacio siga desarrollando ese movimiento pendular que por momentos los acerca y por momentos lo aleja del oficialismo en todos los niveles del Estado.
La estabilidad del gabinete bonaerense no parecía ser una preocupación de la “Revolución de la Alegría”, sin embargo las nubes en el horizonte empiezan a preocupar a más de uno y varias carteras empiezan a mostrar fisuras en su gestión, mientras que otras ni siquiera muestran gestión.
Al ritmo del brote de dengue, zika y chikungunya, el ministerio de Salud es el primero que parece ir camino a un segundo cambio, después del que sufrió el 10 de diciembre.
La impericia de Zulma Ortíz para enfrentar la gestión ha traído problemas en prácticamente la mitad de los hospitales públicos de la provincia, en tanto que las UPA 24, unidades de atención intermedia creadas por el gobierno anterior, se han convertido en dependencias sin rumbo.
La salida de la ministra es un secreto a voces y su reemplazante no es otro que Ismael Passaglia, actual intendente de San Nicolás, urgido de protección política ante los embates judiciales por el desvío de fondos en el municipio, que cuenta con la ventaja de haber ocupado esa cartera durante el gobierno de Felipe Sola.
En la vereda de en frente del oficialismo las cosas no son sencillas, mientras Margarita Stolbizer evita blanquear su alianza con el macrismo acercando posiciones con Massa, hoy por hoy principal aliado del gobierno, y traslada ese acuerdo a la provincia, el bloque del FPV en la Cámara de Diputados está nuevamente al borde de la ruptura.
A diferencia de lo que pasó en el senado, dónde el espacio se partió en dos, en este caso son tres las facciones bien definidas, por un lado el grupo con mayor protagonismo que lidera Walter Abarca y que reúne a 13 diputados, un número similar que se encuadran en lo que se podría definir como un kirchnerismo mas puro y el resto que empiezan a percibirse como una tercera posición.
El ex titular de la bancada, José Ottavis, cuenta todavía con el acompañamiento de por lo menos 5 legisladores que estarían dispuestos a acompañarlo si decide finalmente romper el bloque, lo que además podría modificar la relación de fuerzas en ese cuerpo legislativo.
Por el momento las negociaciones son intensas, el grupo del hombre de Saladillo es el que lleva las de ganar y no sería extraño que cediera su lugar a otro legislador de su espacio como parte de un acuerdo para garantizar la unidad.
Los intendentes de La Plata, Saladillo y Magdalena fueron víctimas de hechos de inseguridad en el mismo día en la capital provincial. La primera hipótesis de las autoridades apuntaba a un “mensaje mafioso” 24 horas después de que  la gobernadora Vidal anunciara que la policía debería hacer pública su declaración jurada, pero con el correr de las horas las características de cada uno de los hechos tiende más a desconectarlos.
Solo en el caso de Julio Garro, la pista más fuerte es la de un aviso, aunque no estaría dirigido al ministro de seguridad Cristian Ritondo, sino directamente al jefe comunal que parece haber trastabillado en la elección de los funcionarios encargados de garantizarle el “control de la calle”.
Dicen los que saben que el episodio que le tocó sufrir a la familia del intendente está más vinculado al manejo de un negocio millonario en el Mercado Regional que a una venganza por los anuncios de la gobernadora.
Las explicaciones hay que buscarlas en los momentos previos al “Cambio” en el municipio platense y la emergencia, en este caso, es para los que podrían quedarse afuera del negocio.


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